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Garzón, un lugar único para el New York Times

Hace pocos días el New YorkTimes publicó una lista con los 52 lugares para visitar este 2016 y entre ellos eligió al Pueblo Garzón, ubicado en Maldonado, muy cerca de Rocha. El diario estadounidense lo colocó en el lugar 21°, alabando “la nueva región del vino que florece cerca de espléndidas playas”.

A unos 70 kilómetros de Punta del Este, ocurre un fenómeno extraño con Pueblo Garzón. El diario neoyorkinoya había publicado en 2011 una nota similar, recomendando lugares para visitar y 10 restaurantes por los cuales valía la pena hacer un viaje en avión, señalando entre ellos el del chef Francis Mallmann, situado en este paraje “en el medio de la nada”.

Pueblo Garzón cuenta con unos 230 habitantes permanentes y cerca de 30 que trabajan durante las temporadas. Concurren a su escuela 49 alumnos y a su liceo (ubicado en el mismo predio) otros 16. Toda su vida social se desarrolla en pocas manzanas que tienen como corazón la plaza central, donde en un día espléndido de semana puede no haber nadie.

Además del restaurante y hotel del cocinero argentino, se puede comer en otros dos lugares del centro. Uno de ellos estaba ayer cerrado. El otro, “El Molino”, tenía dos mesas ocupadas: una por una familia de argentinos y otra por una pareja de uruguayos. Como entradas, ofrecía mollejas con romero y morrón por $ 250, provoleta con vegetales al grill a $ 250 y “cubitos de polenta”, también a $ 250. Los platos principales eran pasta casera y “chuletas” de cerdo con “boñatos glaseados”, ambos a $ 430, a lo que se debe sumar bebida, postre y un cubierto de $ 80 por persona.

Por las calles de la plaza caminaban tres personas hablando en inglés y en el restaurante de Mallmann se vivía, como es habitual en este pueblo de personas humildes y trabajadoras, una “vida aparte”.

“Para mí el encanto natural es la tranquilidad, es un pueblo detenido en el tiempo. Tú venías aquí hace 35 años y encontrabas exactamente lo mismo que ahora. Se ha generado desarrollo en toda la vuelta y Garzón se ha mantenido”, declaró a El País el alcalde de Garzón y José Ignacio, Fernando Suárez.

“La oferta hotelera es muy poca, está el hotel de Mallmann y alguna posadita. La gente viene más bien de paso. Todo lo que se pueda generar bienvenido sea, pero nosotros somos muy cuidadosos con que se preserve; por ejemplo, el tema de la altura”, añade el alcalde.

Un tranquilo más.

Un moderno auto con chapa argentina se detiene en “El Molino” y de él desciende una familia completa con un perro caniche. La única mujer decide que se sentarán afuera, sobre la plaza.

“Tenemos problemas con la tierra acá”, dice la encargada del local (que cocina y atiende al mismo tiempo) mientras pasa un trapo sobre la mesa. “Capaz que habría que pavimentar”, dice el padre de familia. “Si hacemos eso se perdería el encanto”, responde la mujer, al tiempo que tiende y acomoda un mantel cuadrillé.

Que Garzón es un pueblo tranquilo no caben dudas, pero lo es como muchísimos del interior. Los locatarios reconocen que tuvo un empujón a partir del desembarco de Colinas de Garzón (Agroland S.A.), que pertenece al empresario Alejandro Bulgheroni, bautizado por algunos medios como “el hombre más rico de Argentina”.

“Después, yo creo que inteligentemente Mallmann lo potenció colocando su restaurante”, entiende el alcalde. “Está también la bodega, que es impresionante. Ahí se está produciendo un vino (Bodegas de Garzón) de excelente calidad que va para varios países. Y el aceite de oliva que hace (Colinas de Garzón) está en el 6° o 7° lugar en el mundo. La marca Garzón se está replicando por todos lados”, añade Suárez.

Durante el resto del año los precios son otros. La gente trabaja en el Municipio, en la Policía, en Agroland o en otros establecimientos rurales.

A la noche, hay un barcito de campaña, con casín, que puede poner un poco de música. “Si tú quieres vida nocturna, tienes que ir a la ciudad de San Carlos, Maldonado o Rocha”, acota el alcalde.

La plaza tiene muchas palmeras, bancos, jardines y hamacas, no muy modernas. A su alrededor, además del consabido restaurante de Mallmann, hay una humilde iglesia con techo de chapa y una cruz de madera al frente; algún terreno todavía baldío, una tienda de ropa y recuerdos que abre en temporada (“Alium”), el Municipio y el viejo “Club Recreativo y Social Garzón”. A diferencia de otros poblados, la comisaría no está en la plaza principal, sino a una cuadra de ella.

La crónica extranjera.

Además de las notas del New York Times, la revista estadounidense Traveller publicó hace una semana una lista de “cosas asombrosas” que pueden hacerse en Uruguay, y entre ellas mencionó la visita de un “pueblo natural” como Garzón. Informó sobre el vino y el aceite de oliva de la bodega y anotó que en este sitio es posible realizar “safaris en globo”.

En 2013, bajo la promesa de un clima cálido, seguridad y buenas inversiones, un artículo del diario británico Financial Times promovía las inversiones inmobiliarias en la costa uruguaya. La nota, que llevaba por título “Áreas rurales de Uruguay están atrayendo compradores extranjeros”, mencionaba a Pueblo Garzón como un paraje especialmente atractivo para adquirir propiedades. Esto ayudó a que efectivamente algunos inversores compraran terrenos en la zona y que algunos propietarios se “subieran a los pedales” pidiendo por ellos cifras de 6 o 7 veces por encima de su valor. Una de las personas que compró un terreno para construir fue “Su” Giménez, de quien se dice en el pueblo que hizo una muy mala inversión, porque junto a su propiedad pasa una ruta muy transitada. Cambiar el recorrido, dicen en la zona, le saldría una fortuna a la diva de la TV argentina.

Atraídos por los comentarios de la prensa, los turistas se aventuran a conocer el famoso pueblo en el que una estación de trenes abandonada recuerda que hace muchos años tuvo un movimiento mucho mayor. Pero no hay otra actividad que se pueda hacer en el pueblo más que comer. Es la antítesis de un destino turístico.

Pueblo Garzón. Foto: Ricardo Figueredo.

El pueblo con la mirada extranjera

Las crónicas de la prensa extranjera sobre Pueblo Garzón también incluyen errores, como decir que el nuevo puente circular diseñado por el arquitecto Rafael Viñoly (que está bastante lejos) es la puerta de entrada a la zona, a la que se llega en realidad por caminos de tierra bastante incómodos de transitar.

Quizás las mismas crónicas, con sus aciertos y errores, hayan ayudado a que Pueblo Garzón tenga residentes de Nueva Zelanda, Estados Unidos, Inglaterra y Argentina viviendo varios meses del año. Otros famosos han puesto sus ojos en la zona, además de Bulgheroni, Mallmann y “Su”.

El Financial Times notició hace pocos años que John Pearse, sastre de estrellas de la música como Paul McCartney, Jimi Hendrix y Mick Jagger, compró una finca en Pueblo Garzón por US$ 80.000.

“Los inversores internacionales y locales son tratados en igualdad de condiciones, no hay control de cambios, como en Argentina, ni impuesto a la renta percibida en el exterior, como en Brasil, y los tributos locales son considerablemente menores que en Europa y Estados Unidos”, indicaba la nota del periódico.

Según el diario británico, Garzón promete replicar el proceso que en Punta del Este vivieron los terrenos vecinos a la Laguna del Sauce en el primer lustro del siglo XX, cuando multiplicaron varias veces el valor que habían invertido los compradores.

“Si Garzón es el nuevo Sauce, el potencial es claro”, sostenía la crónica, que además destacaba las mejoras de infraestructura proyectadas en la zona, como el puerto de aguas profundas en Rocha y el puente sobre la Laguna Garzón a cargo del arquitecto Rafael Viñoly.

Pero lo cierto es que el puente recientemente inaugurado se encuentra muy lejos, al igual que las playas. Una pavimentación en la ruta de ingreso, sin embargo, podría hacer que quienes visitan Pueblo Garzón tengan, a 25 o 30 minutos de automóvil, la opción de bañarse en el mar.

Fuente: El Pais

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