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Tras vivir 31 años en la Antártida, un uruguayo deja la Base Artigas

El uruguayo Derceo Da Costa termina su misión militar y deja la Antártida luego de vivir allí ininterrumpidamente durante 31 años, informa BBC.

Da Costa llegó al continente austral en diciembre de 1984 para ayudar en la construcción de la Base Científica Artigas y no se fue más.

Recién había ingresado al servicio militar y estaba encargado de hacer el inventario de un vuelo que estaba a punto de partir. En ese momento, le preguntaron si estaba dispuesto a viajar a la Antártida.

Eran las 9 de la noche y el avión salía a las 4 de la mañana. No sabía exactamente adónde iba.

“Al mirar a mi alrededor me pregunté: ‘¿Dónde estoy?’. ¡No sabía si estaba en el otro extremo del mundo o en otro planeta!”.

Sin conocimientos ni equipamiento apropiados, da Costa fue parte del equipo de pioneros que establecieron la Base Artigas, la primera instalación uruguaya en el continente blanco.

Para colocar los contenedores donde viviría la tripulación, contaron con la ayuda de los rusos. Su base, la estación Bellingshausen, es la más cercana de la uruguaya.

La misión debía durar dos semanas. El trabajo consistió, en principio, en aprender a sobrevivir: y a caminar en la nieve, por ejemplo.

“Acá hay peligro todo el tiempo”, dice. “No puedes salir a caminar solo porque puedes caerte, quebrarte una pierna o quedar enterrado en la nieve, por lo que siempre salimos con una radio”.

En ese momento se sabía poco de la Antártida. “Uno de los integrantes de nuestra tripulación creía que estábamos en el Polo Norte, donde hay osos polares que pueden atacarte. No sabíamos que en el Polo Sur no hay osos polares”.

Da Costa no solo encontró pingüinos. Pudo encontrarse a sí mismo.

“La esencia de la Antártida para mí es su naturaleza y tranquilidad”, afirma.

Cuando le preguntan qué siente ahora que se va, dice que fue parte de un proceso.

“Tienes que prepararte mentalmente. Es como un padre que sabe que un día su hijo se irá del hogar. Está en tu cabeza, nadie puede decirte lo que se siente”, explica.

Sin embargo, no cree que sea una despedida para siempre: “Nunca digo que es la última vez, por lo que para mí es el penúltimo viaje”.

Deja un lugar disitnto al que encontró. “Todo era muy precario”, dice da Costa. Durante el primer año se bañaban con la nieve que agarraban del piso. “Hoy es totalmente diferente. Vas a cualquier base y hay agua caliente”.

Los que seguirán su trabajo recogerán la experiencia de estas tres décadas en las que hubo muchos cambios, la calidad de vida cambió y todo es más seguro.

En 1984 habían llevado pantalones de lana y camisas de tartán para abrigarse. Hoy da Costa viste traje térmico, siempre cubre su cabeza y usa lentes protectores.

“Puedes quemarte la retina por la reflexión del sol en la nieve. Lo sé por experiencia propia”., contó a la BBC.

El frío es tan intenso que puede quemarte la piel y que si pones la mano en el agua por más de cinco minutos, se te congela.

El cuerpo se fue habituando a soportar sensaciones térmicas de menos 20 grados. El invierno uruguayo, cuyo promedio de temperatura es 7º, le parecerá hasta agradable.

 

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Fuente: Subrayado

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