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Últimos debates acerca de los modelos de delgadez y obesidad

La mala interpretación del índice de masa corporal (IMC) establece modelos sociales equivocados alrededor de la delgadez y la gordura. ¿Cómo comemos los argentinos? Dieta monótona,  pocos hábitos saludables y aumento de la obesidad infantil, según las conclusiones del último Congreso Argentino de Nutrición. Los dichos polémicos del modisto Karl Lagerfeld.

 

Empecemos por casa: los argentinos somos monótonos para comer y nuestro menú nacional es limitado y cargado de hidratos: ensalada de lechuga y tomate, pastas, tartas, pan, milanesas, asado, pizza y una gran variedad de sandwiches al paso.

Es que lo difícil de cambiar conductas poco saludables por otras ‘mejores’  es que  los hábitos tardan en morir, fue una de las contundentes conclusiones que dejó el XIX Congreso Argentino de Nutrición que se realizó entre el 6 y el 9 de noviembre pasado en la ciudad de Mar del Plata.

“Los hábitos alimenticios de los argentinos no respetan las pautas de una nutrición sana”, con esta reflexión medular para entender cómo funciona la mesa de los argentinos abrió una de las conferencias el doctor Ricardo Basile, presidente del XIX Congreso Argentino de Nutrición.

“Un denominador común de los problemas nutricionales de los argentinos es la monotonía alimentaria, la alta dependencia de unos pocos productos básicos (trigo, carne vacuna, aceite de girasol, papa) y la escasa variedad de alimentos y comidas que conforman el menú típico del país “, agrega Basile.

Las razones son múltiples, de orden sociocultural (hábitos fuertemente arraigados), de precios relativos de los alimentos, de capacidad de demanda en algunos segmentos sociales, de desconocimiento de los valores nutritivos de los alimentos y de la falta de motivación personal hacia la práctica de la actividad física.

“Al país le sobran alimentos pero le falta variedad. Bajo una pretendida diversidad en el mercado de alimentos hay homogeneidad en la cocina y en la mesa de los argentinos, refuerza el especialista. Alimentos de buena calidad nutricional se consumen poco y restan nutrientes esenciales a la dieta, mientras que el exceso de consumo de otros suma grasas de mala calidad, sodio y azúcares”.

“Monotonía alimentaria sumado a que un tercio de la dieta –más del 40 % en hogares pobres- tiene un bajo nivel de calidad nutricional, son las bases  de un problema que no se limita a quienes no tienen capacidad económica para comprar alimentos, sino que se extiende al conjunto de la población”.

Lograr cambio de hábitos y sostenerlos en el tiempo es quizás uno de los principales desafíos con los que se enfrentan los médicos que abordan problemáticas como la obesidad, la diabetes o la enfermedad cardiovascular.

 

IMC, las siglas de la polémica

¿Por qué el índice de masa corporal (IMC) sigue teniendo tanto impacto, sobre todo en las mujeres? De alguna manera delimita, a partir de su cálculo científico, las fronteras entre la delgadez sana y la delgadez extrema, algo latente en muchos jóvenes de este tiempo. Es un índide que bien instrumentado  sirve para construir salud.

El índice de masa corporal conocido por su sigla IMC es una medida de asociación entre el peso y la talla de un individuo ideada por el estadístico belga Adolphe Quetelet. Se calcula según la expresión matemática:

IMC: peso /  estatura al cuadrado

El peso se expresa en kilogramos y la estatura en metros. Y luego la unidad de medida del IMC surge en el sistema MKS : un sistema de unidades que expresa las medidas, utilizando como unidades fundamentales metro, kilogramo y segundo (MKS).

El  valor obtenido no es constante, sino que varía con la edad y el sexo, y hasta la geografía y raza del individuo. También depende de otros factores, como las proporciones de tejidos muscular y adiposo.

En el caso de los adultos se ha utilizado como uno de los recursos para evaluar su estado nutricional, de acuerdo con los valores propuestos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿Qué dijo Karl Lagerfeld?

En el mundo de la moda en el que tanto se jerarquiza el valor de la flacura que “debe” exhibirse en las pasarelas, aún no se toma el IMC en serio. Basta citar las últimas declaraciones del diseñador Karl Lagerfeld para entender el estatus del tema. Dijo Lagerfeld a los pocos días de presentar su libro Le monde selon Karl (El mundo según Karl): “nadie quiere ver gordas en la pasarela”.

Como respuesta varias ONG´s denunciaron al famoso modisto de Chanel por “declaraciones difamatorias y discriminatorias contra la comunidad de mujeres gordas”. Lagerfeld había dicho que las gordas no encajan en los desfiles y  las acusó de “falta de disciplina”.

El modisto en su libro fue muy  duro con las personas que sufren sobrepeso. “Es verdad que no se elige ser gordo. Pero un poco de disciplina alimentaria aliviaría a la seguridad social”.

No es la primera vez que Lagerfeld opina sobre los “kilos de más” de  las mujeres: antes no dudó en criticar a la cantante británica Adele y a la canciller alemana Angela Merkel por no ajustarse a su canon de mujer esbelta.

Pero el mayor problema que tiene el dañino discurso de Lagerfeld es lo que para él  es considerado como mujer gorda.

“La definición de gordura es universal. Para establecer los parámetros se usa el índice de masa corporal (IMC), que resulta de dividir el peso por la altura al cuadrado. El resultado debe ser entre 18,5 y 25. De 26 a 30 es sobrepeso, arriba de 30 es obesidad. Y debajo de 18,5 es desnutrición”, explica la nutricionista Mónica Katz.

“En general los índices de las modelos siempre son menores a 18,5. Su promedio es de 17. Es decir, tenemos gente desnutrida desfilando por la pasarela. Y la gente normal parece gorda por el efecto contrario”, afirma Katz .

“Y resulta que lo que Lagerfeld llama gordura es un peso normal. Validamos un modelo de desnutrición como el modelo femenino adecuado. Se construye la normalidad de modelos estéticos que no tienen como ideal la salud;  sino maniquíes que no interfieran con lo que se quiere vender”, sostiene la especialista en su blog.

 

Cambio de hábitos, la clave de todo

El disparador “Nutrición responsable” fue el lema del  XIX Congreso Argentino de Nutrición y  de alguna manera puso el dedo en la llaga en lo que a los argentinos más cuesta lograr en la mesa: mejores hábitos.

Al respecto el profesor John P. Foreyt, director del Centro de Investigación en Medicina del Comportamiento del Baylor College of Medicine (EE.UU.), disertó sobre las mejores estrategias para modificar los hábitos dañinos y conseguir un estilo de vida más saludable y subrayó que ” es difícil cambiar conductas poco saludables por otras ‘mejores’ porque los hábitos tardan en morir”.

Las prohibiciones y las obligaciones no son buenas aliadas a la hora de buscar que una persona modifique ciertos hábitos por otros más saludables,  y  el experto señaló que “para cambiar una conducta, lo primero que hay que hacer es que la persona tome conciencia de ella y luego que identifique cuáles son las principales barreras que le impiden modificarla”.

En la actualidad, estos son los principales obstáculos para que la gente logre dar el salto del “cambio de hábitos”: fijarse objetivos poco realistas (intentar cambiar mucho muy rápidamente); falta de motivación (buscar excusas como “empiezo la dieta la semana que viene”); no tener un buen sistema de apoyo (miembros de la familia o amigos que no colaboran para el cambio); el estrés (el principal motivo que lleva a recaer en viejos hábitos), la ansiedad, la depresión y el aburrimiento; la falta de conocimiento sobre cómo implementar el cambio de hábitos y hacer  frente a las barreras que los frenan; la percepción de falta de tiempo; y la creencia de que una persona no puede cambiar sus conductas.

“Estas barreras son universales y no hay diferencias entre los países. Son las mismas en todo el mundo”, reflexionó.

La mayoría de las personas pueden cambiar por períodos cortos de tiempo, “a menos que trabajen en ello todos los días, los hábitos viejos inevitablemente reaparecen cuando las motivaciones nuevas se desvanecen”.

En ese sentido, el especialista insistió en que “lograr un cambio permanente es un proceso, no un resultado. Para poder cambiar nuestros hábitos debemos centrarnos en ellos todos los días (a esto se llama sensibilización), y ser conscientes de las barreras para el cambio que acechan en nuestro entorno. Yo digo que la ‘vigilancia eterna’ es la clave para el cambio a largo plazo. Es duro, pero se puede hacer si la persona está dispuesta a trabajar todos los días”.

A la hora de pensar en formas de conseguir modificar conductas, Foreyt coincide con la visión de otros expertos en el tema que plantean que la transformación hacia un adecuado consumo de alimentos y un estilo de vida saludable puede lograrse a través de la seducción y el uso de mensajes positivos y repetidos, más que a través de prohibiciones o restricciones de ciertos alimentos.

“La motivación es idiosincrática, esto es que es diferente para cada uno. Lo que es motivador para mí puede ser completamente distinto de lo que motiva a otro. Es importante que cada uno detecte sus motivadores personales”, recomendó. “Como el estrés y la ansiedad son algunos de los principales motivos de recaída, en cuanto a dejar de llevar un estilo de vida saludable, la actividad física o 15 minutos diarios de meditación o relajación pueden ayudar a reducir o aliviar los efectos negativos de esos estados”, concluyó.

Estatus del sobrepeso en la Argentina

El sobrepeso, la obesidad y otras condiciones de malnutrición son una problemática creciente en la Argentina. El debate sobre cómo modificar el estilo de vida, lograr cambios de hábito y promover una nutrición responsable fueron los ejes del encuentro científico.

“Como lo señala el lema del Congreso el objetivo fundamental fue demostrar las evidencias de la nutrición responsable, generando los cambios necesarios y personalizando el tratamiento para obtener los objetivos terapéuticos combinados para mejorar tanto la salud, como la calidad de vida de las personas”, afirma  Basile.

Hay evidencias científicas indiscutibles de que un estilo de vida saludable mejora el bienestar general, la calidad de vida y disminuye el riesgo, entre otras cosas, de enfermar de diabetes, de padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, dislipemia, es decir, de las enfermedades crónicas no transmisibles.

Realizar actividad física frecuente y regularmente, mantener un peso razonable, alimentarse adecuadamente, son acciones positivas de un estilo de vida saludable. Por el contrario, el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo, el excesivo consumo de alcohol y de alimentos ricos en grasas y azúcares, son algunos comportamientos que deterioran la calidad de vida y la salud. La adopción de un hábito saludable frecuentemente contribuye a incorporar otros que también lo son.

Del mismo modo, es común que los hábitos perjudiciales no se practiquen aisladamente sino que sean parte de un estilo de vida no saludable.

 

Fuente: Por: Daniela Blanco / infobae.com

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