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Infaltables del universo canino

La escena se repite en varias veterinarias de Montevideo. Una persona entra con su perro y mira los bozales en exhibición. Pregunta precios, compara los distintos modelos y pide para probarlo en el can. El animal se resiste. Y el dueño también. “El otro día llegó un hombre con un golden de 11 años que siempre paseó suelto. Ahora le tiene que poner un bozal y le parece impensable. Es difícil este cambio para mucha gente”, cuenta Verónica Estrugo, propietaria de Woof, en Pocitos, una tienda dedicada a la venta de productos y accesorios de diseño para mascotas. “A los perros que tienen diez años y nunca usaron bozal les va a costar adaptarse. Es horrible… pero es la norma y está bien que exista”, comenta Cecilia Faccio, de la veterinaria La Hacienda y conductora del programa Día de Perros, que emite Canal 4.

El uso del bozal es sin duda la medida más polémica de un decreto que, en realidad, existe desde hace más de diez años, pero en base al cual la Intendencia de Montevideo (IMM) comenzó a fiscalizar este noviembre. A grandes rasgos, el decreto 31.007 de la Junta Departamental prevé sanciones para quienes no utilicen correa cuando paseen con su perro por la vía pública y que no retiren los residuos que dejan los animales. El bozal solo es obligatorio para los perros potencialmente peligrosos o que superen los 25 kilos.

Las multas previstas son de entre 2 y 5 Unidades Reajustables (entre $ 1.670 y $ 4.170). Según dijo a El País el director de Comunicaciones de la Intendencia, Santiago Brum, el foco de la campaña no está en el bozal sino en la limpieza y la salubridad del espacio público. En ese sentido, y para evitar que el paseo salga caro, Domingo seleccionó esos accesorios caninos que no pueden faltar a la hora de salir con el can.

Collar y correa.

El uso de collar y correa en la vía pública es uno de los aspectos que menos controversia ha generado entre la población montevideana. Eso sí, el tipo de correa necesaria varía según la raza. Para perros de gran porte, Joaquín Benkendorf, de la veterinaria Tótem, recomienda una correa corta que “permita tener mayor control sobre el animal”. En promedio, una correa con un gancho de buena calidad puede costar entre 120 y 250 pesos. También hay modelos “más chetos”, como las de jean de Animal Planet, para perros más pequeños y otras con detalles como pespuntes de colores o pañuelos para el pecho (400 pesos). Para los más coquetos, en Woof es posible encontrar collares de cuero con piedras Swarovski, que vienen en varios tamaños, desde 550 pesos.

Bozal.

Es el punto más discutible de la normativa aprobada durante la gestión de Mariano Arana. El veterinario Pablo “Ruso” Sehabiaga opinó en su columna de My Pets que no tiene sentido “que un perro normalmente sociabilizado, sin antecedentes de agresividad, pero de 27 kg o de raza pitbull deba usar un bozal mientras que un cocker de 15 kilos, sumamente agresivo, sea ignorado por los inspectores de turno”. En eso coinciden quienes trabajan en las veterinarias consultadas por Domingo. De todos modos, ante el nuevo escenario recomiendan los bozales “tipo canasta”, que permiten que el perro pueda jadear mientras camina o hace ejercicio. “El perro tiene que poder abrir la boca, sobre todo cuando hace calor, porque ellos sudan por la lengua”, explica Faccio, de La Hacienda. “El bozal nunca les debe apretar mucho, porque los lastima y no los deja transpirar”, agrega. Además de los bozales de plástico, allí hay de cuero y cintas ajustables e incluso modelos específicos para perros de nariz chata, como los boxer o bulldog francés. Cuestan entre 300 y 1.900 pesos. En Woof venden los bozales alemanes Hunter, de nylon, cierre de seguridad y doble ajuste. “Tienen varias facilidades porque les permiten respirar, tomar agua, comer y moverse. No son de esos que limitan al animal”, explica Estrugo. Desde que la IMM salió a las calles a fiscalizar, las tiendas venden unos 20 bozales diarios. “El más caro, que es importado de Dinamarca, es el mejor y cuesta apenas más que lo que sale la multa. Después está en cada dueño ponérselo a su perro o no”, remata Faccio, de La Hacienda.

Bolsas.

El escenario empezó a cambiar hace dos o tres años. En los barrios residenciales de Montevideo ya no es raro ver a los propietarios de los canes con una bolsa en la mano para recoger las heces de su mascota o los envases de agua mineral reciclados como dispensadores de bolsitas. “La gente empezó a tomar conciencia de los riesgos de la basura y las heces de los perros hace un par de años. Está mal visto por los demás y por eso la demanda es pareja siempre”, cuenta Benkendorf, de la veterinaria Tótem, sobre la calle Rivera. Hay bolsitas para todos los gustos, desde las más económicas hasta las que vienen con aroma a lavanda. La caja de 120 unidades de estas últimas cuesta 240 pesos. Además, existen las “cápsulas” —con forma cilíndrica o de hueso— para cargar las bolsas, que se pueden atar a la correa del can o la cartera del dueño. “Nosotros recomendamos las bolsitas biodegradables”, dice Faccio, “porque lo que se quiere es apostar a la salud de todos. No solo educar a la gente a mantener limpia la ciudad sino a cuidar el medio ambiente también”.

Palas.

El set para salir a que el perro haga sus necesidades fisiológicas se puede completar con una pala. En Uruguay la demanda todavía no es muy grande, pero la oferta existe. De hecho, en La Hacienda, una de las veterinarias más grandes de Montevideo, hay tres modelos para elegir. Una pala pequeña, de plástico y “tipo tijera”, para animales también pequeños, está a 120 pesos. Para canes de mayor porte, hay dos modelos marca Dog it con los que, incluso, el propietario evita agacharse. “Son las más sofisticadas y se les puede colocar una bolsita para no ensuciarlas”, explica Faccio. Cuesta 690 pesos y viene en dos modelos, para utilizar en suelo de pasto u hormigón.

Dispensador de agua.

Para hacer el paseo más placentero para el perro, sobre todo en los días calurosos, existen en el mercado dispensadores de agua portátiles, fáciles de recargar y económicos. Los más comunes constan de una botella plástica de medio litro con una pequeña bandeja para que el perro pueda beber directamente de allí. Cuestan entre 170 y 200 pesos. Woof, además, ofrece un bebedero y comedero portátil ideal para llevar en caminatas largas o viajes. Según el tamaño, el precio es 110 o 140 pesos.

Un dogal no es lo mismo que un bozal.

Además de la creciente demanda de bozales, en las veterinarias consultadas por Domingo también aumentaron las consultas por dogales, un accesorio que se coloca en el hocico del perro para rutinas de entrenamiento. “Sirve para controlar al animal desde la cabeza. Se usa mucho con los labradores, que son ansiosos y te llevan patinando por la calle”, explica Joaquín Benkendorf, de Tótem.

Paseadores, multas y niños.

Por llevar perros sin collar en la calle o para quienes adiestren sus animales en plazas, parques, playas y cualquier otro lugar de uso público no habilitado, la multa de la IMM es de tres Unidades Reajustables ($ 2.500). La sanción más elevada se aplica ante la presencia de un perro peligroso sin bozal en un espacio destinado para niños; son 5 UR ($ 4.170). En tanto, la IMM está trabajando con los ocho municipios de Montevideo para comenzar a instalar los primeros corrales caninos.

LAS CIFRAS

1.670.

Es el valor en pesos de la multa prevista en el decreto municipal por no recoger las heces de su mascota de la vía pública.

1.900.

Pesos vale el bozal más caro que vende la veterinaria La Hacienda. Es un artículo importado para perros de nariz chata.

20.

Es el promedio de bozales que venden las veterinarias de los barrios residenciales desde que la IMM comenzó a fiscalizar.

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